NotasJournal25 de oct de 2026

Lo Que Me Sale Bien Y Lo Que Me Hace Bien

Personal

Sobre la diferencia entre aquello en lo que soy buena y aquello que disfruto, y cómo, después de mucho viaje y mucha búsqueda, encontré la manera de juntarlos.

0825 de oct de 2026

Lo que me sale bien y lo que me hace bien.

Durante mucho tiempo confundí dos cosas: aquello en lo que soy buena y aquello que disfruto hacer. Parecen lo mismo, pero no siempre lo son.

Lo que me sale bien

El trabajo en sí. Me adapto rápido a equipos, proyectos y formas de trabajar muy distintas. Tengo facilidad para anticipar lo que se va a necesitar antes de que alguien lo pida, ya sea una persona o un proyecto, y para dar con la respuesta justa. Y cuando algo se traba, me sale replantear el problema y mirarlo desde otro lado. Eso sí me lo dejó la arquitectura.

Ser buena en algo tiene una trampa: te lo siguen pidiendo. Y un día te das cuenta de que lo hacés bien, pero en piloto automático.

Lo que me hace bien

Lo que disfruto es otra cosa. Hacer cosas creativas, con las manos. Pensar el estilo, la forma, el color. Ver cómo algo estático empieza a moverse, cómo una animación o una interacción le da vida. Y, sobre todo, ver crecer un proyecto en todas sus etapas: desde la primera idea hasta que está andando en el mundo. Ahí no miro el reloj.

Por qué no se juntaban

Durante años sentí que tenía que elegir entre lo que me salía bien y lo que me encendía. Viví en Australia, en Dinamarca, en Barcelona, cambié de trabajos y de disciplinas, y en cada lugar me llevé una pieza distinta. Pero las piezas andaban separadas.

Cuando empezaron a encajar

Hace poco algo cambió. En los últimos proyectos me tocó estar en todo el proceso, de punta a punta. Y me di cuenta de que estaba usando las dos cosas al mismo tiempo: anticipar qué necesitaba la persona y el proyecto, replantear el problema y, a la vez, pensar el estilo, el color, la animación, la interactividad, cada detalle visual. Lo que me sale bien le daba dirección a lo que me hace bien. La IA, lejos de reemplazar eso, me devolvió tiempo para la parte que más disfruto.

Después de tanto viaje y tanta búsqueda, por fin encontré la manera de juntar las dos cosas. No tuve que elegir. Y en el camino sigo alimentando la curiosidad que me trajo hasta acá: la fotografía analógica, la astrofotografía, la joyería y, más recientemente, las técnicas de bonsái (por ahora, intentando salvar uno). Cada una me enseña algo que después, de alguna forma, vuelve al trabajo.

No somos una sola cosa

Durante mucho tiempo me presenté como "estudié arquitectura", como si eso explicara todo lo que soy. Pero no estamos hechos para que nos defina una sola cosa. Si tenemos la posibilidad y salimos a buscar las oportunidades, podemos hacer muchas cosas. Y lo mejor no es la cantidad: es que cada una le cambia el sentido a las otras. La paciencia del bonsái se me cuela en el código, el ojo de la fotografía en el diseño, y la arquitectura en todo. No se trata de sumar oficios, sino de dejar que se crucen.

Para quien esté en ese lugar

Si sentís que sos buena en algo que no te llena, no lo tires. Probablemente sea la base de lo que todavía no encontraste. A veces el camino no es pasar de lo que sabés hacer a lo que te gusta, sino buscar el punto donde se cruzan.

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